Si observamos con cuidado, nos damos cuenta de que una mujer se puede sentir muy halagada cuando recibe piropos en las calles de Italia por parte de un italiano pero amenazada si los recibe en las calles de México por parte de un mexicano, incluso a veces hasta indignada. Vemos que hay campañas publicitarias para ciertos productos que resultan ser un éxito en Nueva York pero que jamás podrían lanzarse en México si se pretende que tengan una buena aceptación, de la suma de este tipo de ejemplos, donde las mismas situaciones o acciones se interpretan de manera diferente de una ciudad a otra o de un país a otro, surge la necesidad de definir unos "lentes" que nos permitan detectar el inconsciente cultural y los distintos códigos culturales.
Cuando uno se va temporalmente a otro país, este tipo de códigos brincan a la vista inmediatamente y pueden llegar incluso a confundir. Para entender al ser humano y sus actitudes muchas veces nos hemos valido del material que nos han dejado Freud y Jung, explicando el inconsciente individual y el inconsciente colectivo, respectivamente, pero cuando uno se va y realmente quiere adaptarse sin que el inconsciente cultural del lugar al que se llega se pueda interponer en el camino, hay que considerar y reconocer la existencia de una tremenda carga emocional compuesta por miles de pequeños códigos que distinguen las visiones etnográficas en cada región.
